¿A veces no te gustaría gritarle al mundo que realmente quieres a esa persona? Colocarte junto a él al lado un túnel por el que está apunto de pasar un tren y gritar con todas tus fuerzas "te quiero" mientras el tren está pasando, que se escuchen más tu voz y tus sentimientos que el ruido del vehículo de transporte, desahogarte en el momento, quedarte tranquila. Levantarte una mañana de Domingo con el ruido del porterillo y que sea él, que ha venido a desayunar contigo. Peinarte con las manos frente al espejo, que suene el timbre e ir corriendo a abrirle, y que aparezca con una bolsa de churros. Que te susurre "Buenos días, princesa" y acto seguido te de un beso, de esos que tanto te gustan. Quedarte embobada mirándole, sin darte cuenta de que aún vas en pijama. Mientras que él prepara el chocolate, tú entras en tu habitación y te cambias de ropa. Unos vaqueros y una sudadera o un jersey. Vas sencilla, no hace falta arreglarse mucho para él, ya que a él le gusta que seas como tú eres, y que te sientas cómoda con la ropa que llevas puesta. Tú tampoco te sueles arreglar mucho para ir a la calle, ya que no tienes que llamar la atención de ningún chico, pues la única atención que pretendes captar ya la tienes. Sentaros en el sofá a desayunar juntos mientras habláis, reís, gastáis bromas e incluso saboreáis el chocolate con churros de la boca del otro. ¿No sería perfecto? Sois felices, pero sobre todo, sois felices juntos. Os queréis, y no tenéis duda alguna respecto a eso.
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